viernes, 21 de enero de 2011

EL VALOR LINGUISTICO CONSIDERADO EN SU ASPECTO MATERIAL

                 EL VALOR LINGUISTICO CONSIDERADO
EN SU ASPECTO MATERIAL

     Si la parte conceptual del valor está constituido únicamente por sus conexiones y diferencias con los otros términos de la lengua, otro tanto se puede decir de su parte material. Lo que importa en las palabras no es el sonido por sí mismo, sino las diferencias fónicas que permiten distinguir esas palabras de todas las demás, pues ellas son las que llevan la significación.
     Quizá esto sorprenda, pero en verdad ¿dónde abría la posibilidad de lo contrario? Puesto que no hay imagen vocal que responda mejor que otra a lo que se le encomienda expresar, es evidente, hasta a priori, que nunca podrá un fragmento de lengua estar fundado, en último análisis, en otra cosa que en su no-coincidencia con el resto. Arbitrario y diferencial son dos cualidades correlativas,
     La alteración de los signos lingüísticos patentiza bien esta correlación; precisamente  porque los términos a y b son radicalmente incapaces de llegar como tales hasta las regiones de las coincidencia – la cual no percibe perpetuamente más que la diferencia a/b-, cada uno de los términos queda libre de modificarse según leyes ajenas a su función significativa. El genitivo plural checo zen no está caracterizado por ningún signo positivo; sin embargo, el grupo de formas zena: zen funciona también como el zena: zen que le ha precedido, es que lo único que entra en juego es la diferencia de los signos; zena vale solo porque es diferente.
     Otro ejemplo que hace ver todavía mejor lo que hay de sistemático en este juego de las diferencias fónicas: en griego éphen es un imperfecto y estén un aoristo, aunque ambos están formado de manera idéntica; es que el primero pertenece al sistema del indicativo presente phemí ‘digo’  mientras que no hay presente stemí; ahora bien, la relación entre el presente y el imperfecto (deíknümi-edeíknün), etc. Estos signos actúan, pues, no por su valor intrínseco, sino por su posición relativa.
     Por lo demás, es imposible que el sonido, elemento material pertenezca por si a la lengua. Para la lengua no es más que una cosa secundaria, una materia que pone en juego. Todos los valores convencionales presentan ese carácter de no confundirse con el elemento tangible que les sirve de soporte. Así no es el metal de una moneda lo que fija el valor; un escudo que vale nominalmente cinco francos no contiene de plata más que la mitad de esa suma; y valdrá más o menos  con tal o cual efigie, más o menos a este o al otro lado de una frontera política. Esto es más cierto todavía  en el significante linguistico, en su esencia de ningún modo es fónico, es incorpóreo, constituido, no por su sustancia material, sino únicamente por las diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás.
     Este principio es tan esencial, que se aplica a todos los elementos materiales de la lengua, incluido los fonemas. Cada idioma compone sus palabas a  base de un sistema de elementos sonoros, cada uno de los cuales forma una unidad netamente deslindada y cuyo número está  perfectamente determinado. Pero lo que lo caracteriza no es, como se podrá creer, su cualidad propia y positiva, sino simplemente el hecho de que no se confunden unos con otros. Los fonemas son ante todo entidades opositivas, relativas y negativas.
     Y lo prueban el margen y la elasticidad de que los hablantes gozan para la pronunciación con tal que los sonidos sigan siendo distintos unos de otros. Así en francés, el uso general de la r uvular (grasseyé) no impide a muchas personas usar la r apicoalveolar (roulé); la lengua no queda por eso dañada; la lengua no pide más que la diferencia, y solo exige, contra lo que se podría pensar, que el sonido que tenga una cualidad, que el sonido tenga una cualidad invariable. Hasta se puede pronunciar r francesa como la ch alemana de Bach, doch. La j española de reloj, boj, mientras que un alemán (que  tiene también la r uvular) no podrá emplear la ch como r, porque esa lengua reconoce los dos elementos y debe distinguirlos. Lo mismo, en ruso no habría margen para una t junto a una t’ (t mojada, de contacto amplio), porque el resultado sería el confundir dos sonidos diferentes para la lengua (el francés) govorit ‘hablar’ y govorit ‘él habla’, pero en cambio habrá una libertad mayor de lado de la th (t aspirada) , porque este sonido no está previsto en el sistema de los fonemas del ruso.
    Como idéntico estado de cosas  comprueban en ese otro sistema de signos que es la escritura, lo tomaremos como término de comparación para aclarar toda esta cuestión. De hecho:
     1º, los signos de la escritura son arbitrarios; ninguna conexión, por ejemplo, hay entre la letra t y el sonido que designa.
     2º, el valor de las letras es puramente  negativo y diferencial; así una misma persona puede escribir la t con variantes tales como

       t      A   x
     Lo único esencial es que ese signo no se confunda en su escritura con el de la l, de la d etc.
     3º, los valores de la escritura no funciona más que por su oposición reciproca en el seno de un sistema definido, compuesto de un número determinado de letras. Este carácter, sin ser idéntico al segundo, está ligado a él estrechamente, porque ambos dependen del primero. Siendo el símbolo gráfico arbitrario, poco importa su forma, o, mejor, solo tiene importancia en los limites impuesto por el sistema.

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